LA CELESTINA

Fernando de Rojas, dramaturgo español, autor de La Celestina, estimada como una de las obras cumbre de la historia de la literatura española y la más importante sin duda en la transición entre la Edad Media y el Renacimiento.

Es poco lo que de él se sabe. Nació en La Puebla de Montalbán (Toledo), hacia 1470. Por entonces esta ciudad tenía una importante colonia judía y se cree que Rojas habría nacido en el seno de una familia de 

. Habría estudiado leyes en la Universidad de Salamanca, según él mismo afirma en La carta del autor a un su amigo, que precede el texto de su obra. Parece documentado que hacia 1496-97 habría obtenido su grado de Bachiller en Leyes.

             

Aunque se sospecha que pudiera haber habido una edición anterior, se considera actualmente que la edición príncipe de la Comedia fue la publicada en Burgos por el impresor Fadrique Alemán en 1499, con el título de Comedia de Calisto y Melibea y conservada en la Hispanic Society de . Sin embargo, algunos estudiosos han puesto en duda la fecha de esta edición, retrasándola y haciendo de la de Toledo de 1500 la edición príncipe.

La comedia cuenta con 16 actos y, a partir de la edición de Toledo, con unas coplas reales con versos acrósticos en que se puede leer "El bachiller Fernando de Rojas acabó la Comedia de Calisto y Melibea e fue nascido en la Puebla de Montalbán". Esta edición de 1500 incluye la carta prólogo, los versos antedichos, el incipit y el argumento.

En 1502 apareció una nueva edición titulada Tragicomedia de Calisto y Melibea (Sevilla: Jacobo Cromberger) con cinco actos más antes del acto final, 21 en total, el llamado Tratado de Centurio porque en él aparece este personaje, así como un prólogo en que se explica que la obra se inspira en la máxima de Heráclito "todas las cosas son criadas a manera de contienda o batalla", es decir, "la guerra o discordia es el padre de todas las cosas", concepción dialéctica de la vida que se imprime en la obra, en la que se detestan siervos y señores, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, ingenuos y avispados, e incluso el mismo lenguaje batalla consigo mismo, contraponiéndose un estilo elevado y latinizante a otro bajo, coloquial y aun vulgar

 

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