Género Literario
El género de La Celestina es una cuestión polémica. Es en el siglo XVIII cuando el problema del género se plantea. La inflexible preceptiva neoclasica siente la necesidad de encajarla en un modelo preexistente. Pero los férreos moldes de los géneros dieciochescos imposibilitan ese propósito, lo que deterioró su consideración entre los idealizantes escritores del Neoclasicismo, como Moratin, que la llamó novela dramática para denotar la mezcla de géneros y la originalidad de la obra. Otro crítico y escritor, este de la Renaixen}a catalana, Buenaventura Carlos Arrigau, la llamó novela dialogada. Se resistían a encajarla en el drama
El hecho es que se trata de un texto totalmente dialogado y cuya extensión y saltos temporales y sobre todo espaciales, la hacían irrepresentable en su momento y destinada a la lectura en voz alta, como era la costumbre en la época. Ya entrado el siglo XX y con extensos medios escenográficos, la obra pudo representarse íntegra o resumida, si bien no es una obra concebida para la representación sobre un escenario, sino para una lectura dramática.
Marcelino Menendez Pelayo se debatía en sus Orígenes de la novela, a fines del XIX, en la contradicción de considerarla drama por ser todo en ella activo y nada narrativo, o no hacerlo, a causa de su excesiva longitud, su obscenidad y su estructura, donde la acción es escasa y la escenografía nula. Desde la perspectiva moderna, sin embargo, estas objeciones son de escasa relevancia: la duración es una convención más comercial que literaria y la obscenidad es algo opinable y más propio del momento político en que Pelayo escribió que del de la obra o la época actual. Es más, su estructura no es muy diferente de la de muchas obras de ese momento e incluso posteriores, cuando en los Siglos de Oro el teatro en España alcanzó su máximo esplendor. Sencillamente, Menéndez Pelayo era víctima de sus prejuicios clasicistas y de su formación católica, que hacían prevaricar con frecuencia sus juicios estéticos.
Críticos posteriores, como Alan Deyermond a fines del siglo XX, recuperaron la denominación de Aribau de novela dialogada, viendo en La Celestina uno de los precursores de la novela moderna y con ella del Quijote, primera obra que merece esta consideración.
Hoy en día, aunque son mayoría los que la ven como una obra dramática, se reconoce la imposibilidad de reducir la cuestión a un esquema simplista. Es cierto que la acción es escasa; el ritmo, lento; los parlamentos, largos y los monólogos, minuciosos; pero no es la única obra dramática de su extensión ni con sus mutaciones escénicas.
El uso del tiempo es típico de lo que será la novela, aunque no exclusivo de ella. Stephen Gilman y Asensio no dudan en separar el tiempo implícito del tiempo explícito. Si bien hay un tiempo explícito en el que se desarrolla la acción, de forma continua y lineal, también hay un tiempo implícito, más largo, que se hace necesario para entender lo que sucede.
Gilman resuelve la cuestión calificando la obra como agenérica; principalmente por contener dialogo puro, es para él algo distinto y anterior a la cristalización de la novela y el drama tal y como hoy los concebimos.
Hay que señalar la comedia humanistica como género subyacente a la constitución de La Celestina por varios motivos, como el ser hecha para la lectura, con argumento simple y desarrollo lento, la concepción del tiempo y del lugar, ser en prosa, el manejo del diálogo como estructura clave, la división en actos y el interés por lo pintoresco. Sin embargo, no podemos hablar de comedia humanista propiamente dicha por dos motivos principales: el no estar escrita en latín y sobre todo el final trágico, heredado según Deyermond de la novela sentimental. Además el uso que se hace del diálogo no se había dado hasta entonces, la novela y el teatro modernos, que hacen un uso similar del diálogo están por crear; vemos un uso del diálogo en el que los personajes toma vida y se van creando. Gilman opina que fue La Celestina quien dio la base a Cervantes para usarla en los diálogos del Quijote.
Es también destacable el uso del aparte (no acotado), los monólogos y la ironía, cuyas raíces provienen de la "comedia" latina de Terencio. Como en la comedia elegiaca hay un papel activo de la amada y un ambiente coetáneo.
De todo lo dicho se deduce que una reducción simplista está fuera de lugar. Aunque se tiende a considerarla como obra dramática, en realidad ningún género literario se adecúa por si solo a las características de la obra.