Curiosidades de Franz Joseph Haydn
Franz Joseph Haydn, ese compositor del que os hablaba en la entrada anterior, tiene varios paternales apelativos: Padre de la Sinfonía, Padre del Cuarteto. No es que fuera el verdadero inventor de estas formas, pero su contribución a la fijación de las estructuras es indudable. Pero del mismo modo que contribuyó a su asentamiento, jamás dudó en experimentar y en ofrecer a su público jugosas novedades y una variedad de estructuras casi tan grande como su extensísima producción.
Haydn estuvo aislado del mundo durante largos años al servicio de Nikolaus Esterházy. Este aislamiento le benefició en dos sentidos: evitó que se “contaminara” con otras músicas y le brindó la oportunidad, como si de un científico en un laboratorio se tratara, de experimentar casi ilimitadamente con la estupenda orquesta del príncipe.
Es muy curioso leer las cláusulas del contrato de Haydn. Una de ellas decía que la música que Haydn compusiera no podría salir de los límites de las propiedades del príncipe. Pero no fue cumplida a rajatabla, ya que a Nikolaus le parecía que la fama de su sirviente redundaba en su propio beneficio… así que en el siguiente contrato esta cláusula desapareció. No obstante, dado que Haydn estuvo recluido durante casi treinta años, su obra salió clandestinamente del palacio y viajó incontroladamente por Europa, cayendo muchas veces en manos de editores sin escrúpulos que no dudaban en tergiversarla, mutilarla… o apropiarse de la fama de Haydn para publicar con su nombre obras de autores menos conocidos, lo cual causó un caos que, a pesar de los numerosos y serios esfuerzos que se han hecho durante todo el siglo XX para clasificar y clarificar la dilatadísima obra de Haydn durante aquellos años, aún no ha podido ser totalmente organizado.
Estos editores, y otros más rigurosos, no sin razón consideraban que era más “vendible” una obra con un título como La Sorpresa que otra llamada Sinfonía nº 94 en sol mayor, así que pusieron a trabajar su imaginación para dotar de nombre a muchísimas obras que su propio autor no denominó de ningún modo especial… así que la mayoría de los nombres no son sino sobrenombres adjudicados por terceras personas, sobrenombres que de algún modo ayudan al público a recordar y reconocer todo ese montón de obras que Haydn nos regaló, y que hacen referencia a aspectos de su composición (como el lugar donde se escribió: Oxford), a citas de obras musicales (Lamentación, que utiliza un tema gregoriano, Incipit Lamentatio, de las Lamentaciones de Jeremías), a aspectos programáticos (Militar, que describe una batalla), a sugerencias auditivas (El reloj, ya que su ritmo recuerda el sonido de éste), o a anécdotas relacionadas con su composición o con el propio contenido de la música (Los adioses, La Sorpresa).
Todos los avezados oyentes de las sinfonías de Haydn ya sabían, como espero que mis alumnos aprendáis en estos días, que el segundo movimiento de una sonata es el momento de la calma. Es un movimiento lento, apropiado para el descanso del largo viaje propuesto en el primer movimiento, un momento para respirar, relajarse, disfrutar y tomar fuerzas antes del mucho más rítmico minueto y del agitado finale… Es ese momento mágico en que el público se arrellana en la butaca, respira con calma… incluso puede echar una cabezadita… porque es de todos sabido que no va a haber sobresaltos ni sorpresas…
En la Sinfonía nº 94 en sol mayor, Haydn nos ofrece para su segundo movimiento una estructura muy fecunda en grandes obras: el tema con variaciones. Ya sabéis: el autor presenta un tema (frecuentemente de otro autor, o de la música popular) y demuestra sus habilidades compositivas modificándolo de tal manera que ritmos, melodías, armonías, tonalidades se convierten en un juego que mantiene vivo el interés de la audiencia. El tema de este segundo movimiento es tan sencillo que raya la simplicidad: son dos frases de 8 compases, que se dividen a su vez en dos semifrases de cuatro… comienza delicadamente, con notas picadas, la melodía de las cuerdas, casi desnuda de acompañamiento, y siempre pianissimo, dibujándose en el aire su forma de arco. Ya tenemos al público confiado: comienza la repetición de la primera frase, aún más piano, con lo que todo el mundo se abandona a la más absoluta paz… hasta que sin avisar, suena el último acorde de la calmosa frase, que encierra la sorpresa que da nombre a la obra… mis alumnos siempre se han sorprendido (a veces incluso asustado), como supongo que se sorprenderían los afortunados oyentes del día del estreno, allá por 1791, en Londres, y como supongo que os sorprenderéis vosotros si tenéis la cursiosidad suficiente para pulsar el play y la paciencia necesaria para dejaros llevar por el buen humor de este Padre… de la jovialidad, la inteligencia y el buen gusto.
Haydn. Sinfonía nº 94 en sol
mayor, La Sorpresa. Segundo movimiento en la interpretación de la Orquesta
Filarmónica de Londres dirigida por Georg Solti.